Franz Ferdinand

           

El Auditorio Nacional no está hecho para escuchar conciertos de rock, sin embargo es el lugar donde mejor se escuchan.
Me explico, cuando uno va a un concierto de rock uno le juega un rato al rocker: fuma, toma cerveza, contempla mujeres hermosas en atuendos ajustados, brincotea y le dedica una buena media hora al headbanging. Semejante despliegue de energía requiere de un foro que le permita al espectador moverse con cierta holgura. En el Auditorio Nacional no hay libertad posible, los asientos están designados y uno se encuentra confinado en un espacio mínimo flanqueado por los vecinos de asiento que también intentan moverse entre su butaca y el respaldo de la de enfrente. Eso si, ni se fuma ni se bebe y sólo se puede ver bailar a las chicas que a uno le tocaron en suerte en un radio determinado.
Ahora, por el contrario, hay que mencionar que el Auditorio es un foro grande donde las bandas que cobran como bandas grandes pueden tocar sin merma para sus economías ni las de los empresarios que los traen y nos jinetean el dinero 3 meses entre que sacan a vender los boletos y que le pagan al grupo. Además es el único foro de ese tamaño en México donde uno puede ver desde cualquier lugar, ya sea la primera fila donde te cae sudor de músico o la última donde comienza a sangrar la nariz, al baterista darle con elegancia a los contratiempos (hi-hat para los más anglófilos) y escuchar casi simultáneamente su sonido metálico con una nitidez asombrosa.
La presentación de Franz Ferdinand en el Auditorio Nacional presentaba un problema mayúsculo para uno como espectador. Si bien es un lujo escuchar en este lugar a una de las bandas mejor logradas de los últimos tiempos, etiquetada de mil maneras, que si post-punk, que si brit-pop, que si post-post-punk que si la banda que salvó a la música indie, etc, etc, etc. ¿Cómo hacerlo en la camisa de fuerza del Auditorio?
Al momento de definir su música, Alex Kapranos se has esforzado por decir que la única intención de Franz Ferdinand es la de hacer música para que las chicas bailen. Bajo un manto nada pretencioso este grupo de escoceses de dientes chuecos ha logrado sintentizar los elementos necesarios para revitalizar la música realizada simplemente con batería, bajo y guitarras distorsionadas. Simultáneamente se han dedicado a poner a las chicas a bailar.
Llegamos con tiempo, mientras tocaba Bengala, (banda local abridora sobre la cual lo único bueno que tengo que decir es que hacen un cover a Mátenme porque me muero de Caifanes) nos quedamos en la barra para tomar un par de cervezas. La plática era amena hasta que la esposa de un amigo se molestó mientras 3 de nosotros  contemplábamos arrobados el andar de una miríada de jovencitas hermosas en la búsqueda de su puerta de entrada y comentábamos como en nuestros mejores tiempos los conciertos de rock estaban destinados solo a los güeyes feos como nosotros. Ella, por supuesto, iba a conciertos en aquellos días.
Nuestros lugares no eran los más chidos, pero eran lo mejor que habíamos podido obtener dado el gasto que implica vivir en una ciudad donde ahora hay conciertos casi cada semana. Por lo demás el escenario se veía bien, se alcanzaban a distinguir los rostros de los músicos y, contrario a lo que pasó con un amigo acostumbrado a lo bueno al que le tocó en la última fila, no nos pegábamos en la cabeza con el techo del lugar.
A las 9 y media empezó la fiesta. Un escenario austero, un juego de luces sencillo y dos pantallas sobrias en blanco y negro. Durante mucho tiempo se habló de la calidez del público mexicano, esa que hizo llorar a Bono para después expandirles la buena nueva a sus colegas: deben ir a tocar a México. Creo que ese tiempo ya se acabó. En aquel entonces suspirábamos por escuchar buena música en vivo y cada vez que teníamos la oportunidad dejábamos salir la energía contenida en todos esos años en que nomás nada de nada. Ahora que la oferta es más amplia el público ya es más selectivo y menos gritón. Pero el caso es que ahí estaban Alex Kapranos balbuceando algunas palabras en español, Nick McCarthy con la guitarra en el pecho y su movimiento epiléptico y marcial heredado de Pete Townshend acompañados por la sólida y cadenciosa base rítmica de Bob Hardy y Paul Thomson.
Sin más arsenal que sus canciones cortas y directas, Franz Ferdinand comenzó a dejar fluir la energía hacia los 10,000 asistentes al concierto. Pronto era la locura, mientras tocaban las chicas bailaban y los chicos también. Cuando terminaban era gritos estentóreos. Uno tras otros venían singles y no tan singles: Do You Want To, Walk Away, Take Me Out, The Fallen. En un momento uno se llegaba a preguntar qué es lo que dejarían para el encore. Pese a mis augurios un concierto con mucho ruido y mucho calorcito apoyado por el momento populachero en que Alex Kapranos señalaba que conocía la importancia de Septiembre en la historia de México y soltaba un arrastrado Viva México Cabrones.
Luego vinieron algunas respuestas. El encore se puso punk, literalmente, a base de canciones en 4/4 con harto tambor, harto platillo y guitarras de riffs ríspidos y atronadores. Después el homenaje al cliché mexicano. Como salidos de un concierto de aquellos tiempos en que Caifanes era Caifanes apareció en el escenario un grupo de concheros a tronar los tambores mientras el grupo se dejaba ir en la euforia del público con 40 ft. El cierre fue espectacular. Mientras el público ardía en llamas Kapranos, McCarthy, Hardy y Thomson gritaban This fire is out of control, we are gonna burn this city. Después fueron las luces del Auditorio y todos afuera con el sentimiento de haber liberado la energía suficiente como para ya no querer golpear al jefe o a quién fuera que nos hubiera hecho la vida imposible. Nada mal para un lunes en la noche.   

http://www.youtube.com/watch?v=GmfNm0Tm7L8 (This Fire en vivo en Glastunbury)