La policía del Karma.
Siempre me he jactado de ser una persona racional. “Porque la totalidad de las cosas determina lo que acaece y lo que no acaece” escribió Wittgenstein. Desde el filtro que decidí ponerle a mis ojos, asumí que siempre es posible encontrar una solución lógica a lo que pasa todos los días, solución englobada dentro de este nuestro mundo terrenal, por lo que todo lo que sucede tiene una causa y una consecuencia.
Esta perspectiva de las cosas elimina la posibilidad de la metafísica. No hay plan maestro, no hay eventos mágicos, no hay karma ni nada. Evidentemente esto me ha causado problemas: como mexicano criado en ámbito un sociocultural católico y más allá, estudiado en escuela de curas, la venganza de Dios por la soberbia racional pende sobre mí como la espada de Democles.
En El Decálogo I de Kieslowski, al hijo del personaje principal se lo lleva la chingada porque su papá decidió darle permiso de ir a patinar al lago después de hacer cálculos en la computadora y decidir que el clima permitía la dureza suficiente en el hielo. Dios, vengativo como es, hizo pasar por el lago una olita de calor que adelgazó el hielo justo donde estaba patinando el niño. Mal pedo.
Muchos de mis amigos nadan en la racionalidad absoluta, guiada sólo por los azarosos designios del dios Baco; otros más viven a caballo entre las matemáticas y las creencias new age . El bloggero d. insiste, desde las profundidades de su doctorado en economía, que la policía del karma, una Agencia que evalúa nuestras acciones todos los días y nos castiga o premia según el caso, está detrás de nosotros, atenta al más mínimo de nuestros movimientos, esperando uno de esos escasos momentos de felicidad absoluta que hay en la vida, para caernos encima con una serie de desgracias en venganza por aquella vez que dejamos a una chica plantada porque nos habló otra chica que nunca nos había pelado pero que cumplía perfectamente con nuestros sueños más perversos.
Yo me he burlado de ellos hasta el cansancio, aunque en el fondo, muy en el fondo de mi subconsciente, creo que le tengo pavor a cualquier cosa que pueda pasar y a la que no le pueda yo encontrar explicación lógica.
En los últimos días he pasado por una racha de esas inexplicables, todos los días me pasa algo que no me gusta, desde un accidente automovilístico hasta un robo de saco mío y bolsa de acompañante en un lugar de esparcimiento. Hoy en la mañana me desperté convencido de que todo es cuestión de actitud, así que me levanté, me bañé escuchando la 9ª de Beethoven, desayuné leyendo el periódico y salí a trabajar. Como desde el accidente no tengo coche y se me hacía un poco tarde decidí tomar un taxi. No voy a hablar del ceño fruncido del taxista, ni de la mala espina que me dio saber que solo traía yo un billete de doscientos pesos. Cuando llegamos al destino resultó que el taxista no traía cambio, así que bajé a la tienda para cambiar el billete, sentí que algo había caído cuando bajé del auto. Mientras compraba cigarros para obtener moneda de más baja denominación, me di cuenta de que lo que había caído era mi celular que ahora estaba en posesión del taxista. Cuando regresé a pagar, el taxi se había ido con mi teléfono y un poco de mi autoestima.
He estado pensando en la policía del karma: Quizá hice algo malo y no me di cuenta, o quizá me están cobrando cuotas por adelantado como hacen los seguros. Quizá me alcanzó el Dios vengativo o, como dice mi papá, necesito una limpia. No estoy seguro de nada, lo que si siento, es que mis creencias racionales están flaqueando y quizá pronto visitaré a un curandero para que, sin albur, me recorra el cuerpo con un huevo y me escupa tequila en la cara para alejarme las malas vibras.