modafoca.com presenta Notas del Raw Room:

Un espacio para perderle el asco a la política.

Como casi todos en el país yo tengo una posición sobre lo que sucedió en los pasados comicios. Como prueba mínima de la tensión que estamos viviendo pongo a su consideración el caso de mis padres: después de años de difícil convivencia esta elección los puso al borde del divorcio. Por discusiones con diversos amigos, he llegado a la conclusión de que la división trazada a través del Eje Peje-Calderón ha generado un buen número de rispideces maritales.

El eje que mencioné va más allá de las fracturas en el otrora sacrosanto matrimonio. A lo largo de las últimas dos semanas he presenciado peleas encarnizadas entre amigos antes inseparables, peleas que suelen terminar con mentadas de madre antes o después de mandarse a la chingada.

Yo no sé si vale la pena andar perdiendo amistades por un asunto de preferencias políticas, sobre todo tomando en cuenta el hecho de que nuestros políticos son bien chiquitos. Lo que sucede con ellos es como lo que pasa con la selección de futbol: cada mundial esperamos dar el gran salto, cada mundial jugamos bonito y cada mundial, a la hora de la verdad, resulta que nos faltaron tamaños. El domingo 2 de julio, el día de las elecciones más reñidas de este país, mientras revisaba los resultados del PREP, pude escuchar al Consejero Presidente del IFE, al Presidente de la República y a los dos candidatos punteros y la conclusión es alarmante: de todos ellos no haces uno. Sin embargo, si creo que a veces es necesario tomar una posición.

López Obrador había perdido mi confianza mucho tiempo antes. En todas las oportunidades que tuvo de posicionarse como un estadista se encargó de echar por tierra mis esperanzas. Siguiendo a piejuntillas su estrategia del complot, prefirió aprovechar los sobrantes de la paranoia política de muchos mexicanos y arremeter contra todas las instituciones. Si el señor se hubiera movido al centro en febrero hubiera ganado las elecciones. Sin embargo optó por seguir polarizando al país, los de enfrente se treparon al barco y resulta que muchos que no soportan a la derecha católica premoderna terminaron votando por Calderón ante el temor de que el otro tipo se llevara entre las patas las instituciones que tanto trabajo nos ha costado construir.

Ahora, después de las elecciones, los que nos estamos desgastando somos los de a pie. Amigos metidos en la política, amigos no metidos en la política, amigos simplemente amigos que se enredan en discusiones bizantinas con argumentos que provienen de un panfleto que se publica en internet CON UN DOMINIO DE LA UNAM (¿esos que se quejan del uso de los recursos públicos a favor de un candidato publican su órgano de difusión a través de una universidad subsidiada en su totalidad por el estado, es decir, con mi lana?) o que defienden a una institución que mal que bien ahí va, a pesar de que evidentemente los que están al frente nomás no alcanzan a cubrir el hueco que dejaron los de antes.

Cuando escribo de estas cosas siempre me ha gustado ser sobrio, algunos me han tachado de tibio, pero pus ora si que tengo que tomar una posición. Frente a los disparates que publica todos los días Julio Hernández López, frente a la paranoia conspiranóica que pronto va a incluir a Jim Morrison como mapache electoral (no puedo evitar resaltar esa dos últimas joyas de AMLO que ahora suma al complot a sus propios representantes de casilla y hasta a los observadores electorales de la Unión Europea), frente a la necedad investida de un manto mesiánico, frente a la pequeñez de los políticos mexicanos no nos queda más que defender al IFE, nuestras instituciones, falibles y perfectibles, son la única posibilidad de que el gobierno no sea secuestrado por estas facciones de liliputienses mentales.

Si el argumento de uno es bueno para la Ley ¿qué necesidad de hacer una demostración de fuerza? ¿Qué necesidad de juntar a miles de ciudadanos molestos por el resultado de la elección para obligarlos a gritar FRAUDE? ¿Qué necesidad de exponerse al ridículo con videos que no comprueban nada? Señores, tengamos los tamaños suficientes para seguir el cauce institucional y aceptar el resultado que arroje gane quien gane. Sólo así todos como país podremos dar el salto que la selección no ha dado (por lo menos la mayor, que la sub-17 nos da esperanza, ojalá que sea igual en la política).

http://www.jornada.unam.mx/2006/07/14/004o1pol.php

http://www.jornada.unam.mx/2006/07/18/023a2pol.php

http://www.jornada.unam.mx/2006/07/18/022a2pol.php

http://www.jornada.unam.mx/2006/07/26/004o1pol.php

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