Ludeca
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi boda americana

Cuando le dije a uno de mis compas del doctorado que estaba invitado a una boda, los dos nos echamos a reír y dijimos: lo único positivo es que con seguridad a las ocho de la noche ya habrás regresado al hotel. Dado que al final del día la predicción salió más o menos exacta, les daré el play by play desde un poco antes, para que haya tantita más acción, pero no esperen nada realmente emocionante.

1:00 PM: L. y yo decidimos ir a almorzar a un restaurancito que es administrado por una famosa compañía cervecera local llamada Dog Fish Head. El lugar tiene pinta de pub y no es nada especial, pero pues es como si hubiera una franquicia de restaurantes Cuahutémoc-Moctezuma. El bebedor serio tiene que ir. Lo más notable es que la especialidad de la semana se llama: BPA Golden Shower (9% de alcohol). Yo, por no dejar pasar, le pido una de esas al mesero, pero le pregunto si mejor no me la puede administrar la mesera grandota de allá.

3:00 PM: Regresamos al hotel manejado a 30 Kms/h. Rehoboth, el pueblo a donde fuimos, tiene un límite de velocidad que todo mundo guarda celosamente. Le digo a L. que me siento incómodo siendo el único güey café en el pueblo, y me dice que no hay problema, que acá son tan tolerantes que a Rehoboth de hecho le dicen Rehomo. Su observación no me hace sentir mejor. Un par de chavas en tops y shortcitos dry fit  nos rebasa corriendo por la banqueta. Yo miento madres y L. me dice: haz alto en las señales, por favor.

4:00 PM: Llevamos poco más de quince minutos en la boda. El local es un salón de fiestas en uno de los extremos de Rehoboth. Afuera, el Atlántico se ve ominoso y gris. La playa cercana se ve triste, apagada y seria, como en esa película con Kevin Spacey y Judy Dench. Hay un grupo de cuerdas tocando las rolas obligadas de toda boda. Ya saben, Pachelbel y Bach.

4:10 PM Se nos informa que la novia está teniendo una mini crisis por su peinado. Supongo que algunas cosas son iguales en todas partes.

4:30 PM La pareja se matrimonia y hay múltiples discursos por parte de los familiares de los contrayentes. Los discursos son serios y sentidos y positivos. En contraste, me acuerdo de la típica fiesta mexicana de quince años, donde el compadre flameado dice en el brindis: porque ¡ah!, que buena se ha puesto mi ahijada…no, no pérese, quise decir, la que está buenísima es mi comadre…no, no…mire…

5:00 PM: La ceremonia ya ha tenido lugar y nos estamos soplando un slide show con las fotos de los contrayentes, ambos muy buenas personas con muchas fotos, aparentemente. El fondo musical es una rola de Coldplay que no me gusta. No me gusta Coldplay, de hecho, y su pretensión de ser el siguiente U2 me parece ridícula, aunque eso no tiene nada que ver con la historia. Decido pedir rusos blancos y descubro que estos hacen que todo sea mejor.

6:00 PM: La cena es tipo buffet. Muy agradable. A los gringos parece que les gustan los ejotes en mantequilla. A mi no mucho, aunque con el vino que he bebido todo me sabe bien. Le pregunto a L que si va a haber música para bailar y me dice: seguro. Yo espero paciente.

7:00 PM Me avisan que va a empezar el baile. Yo me pongo en carácter. Y la música resulta ser los más grandes éxitos de Glenn Miller y otros genios de las grandes bandas. Pongo cara de circunstancia y me hago pato para no levantarme. L. me dice que la banda quiere bailar, que no sea agüado. Y ahí voy. Tengo un momento Pearl Harbor/Los cañones de Navarone/Salvando al Soldado Ryan. Me siento tan pero tan retro que lo único que  se me ocurre es buscar a alguna chiquita para apretarla así chido y decirle mientras bailamos: mañana me mandan a Normandía, es mi última noche ¿qué onda, se arma? y que ella me entregue la prenda virginal de su cuerpo. Mientras, y dado que eso no sucede, sigo haciendo swing un rato y aprovecho que la banda se distrae para irme al bar. Parada detrás de la barra de roble, la bartender más arrugada de la historia sigue llenando los vasos vacíos y me ve compasiva con ojos que hacen juego con la noche atlántica. Me dice, toda seriedad: here you go, sir.  Quisiera platicarle mi vida, pero creo que no sería apropiado. Si el Martini es seco, ésta ruca lo es más. A pesar de todo, me cae bien y decido que lo mejor que hay en el mundo son las meseras y las bartenders amargadas pero eficientes.

8:00 PM Una croata ebria que trabaja en relaciones públicas intercepta a L. y le platica su vida y milagros. La chava parece escapada de una película de Atom Egoyan, y trae un vestido que parece simultáneamente cortina y gobelino. Se balancea precariamente sobre sus tacones, como barquito, y detrás de ella, el mar se extiende negro e inmisericorde. Quizás vistos desde afuera seamos solo un puntito de luz sobre la costa.

9:00 PM. La boda ha terminado y los miembros hard core de la comitiva nos preparamos para ir a beber a otra parte. Nos despedimos todos formales de los padres de los novios. Y antes de subir de vuelta a mi coche rentado veo de reojo al salón de fiestas, al mar, a las casas de veraneo y a todos estos gringos juntos en un solo lugar y me vuelvo a preguntar por enésima vez: ¿qué hago aquí?.