Ludeca
 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buen ano.

Algunos pensarán que mi computadora tiene un problema con las ñ pero no, así quise que se titulara este bonito recorrido por el primer día de este año que comienza.
            La celebración de año nuevo parecía ser la clásica reunión entre adultos contemporáneos, en la que se habla de las glorias pasadas de los Smiths y del avance estrepitoso de la tecnología, rogándole a dios en no convertirnos en unos rucos y poder saber cómo chingados se usa el myspace.
            Total que hasta las 4 a.m. el plan marchaba como se había planeado, cena, vino, plática, más vino, tornacena, más vino, vomito y arrastradodepiso de uno de los integrantes del selecto grupo que decidimos reunirnos a recibir el 2007, entre otros.
A lo largo de la noche me había estado mensajeando con una susodicha que conocí por el hi5, me gustaron algunas fotos de su perfil, le mandé un mensaje, me agregó a su messenger y así comenzó una historia de chat, espacio cibernáutico que usamos para compartir, gustosamente, la siempre bien ponderada (o post estratifica, ja,ja,ja) chaqueta mental.
Horas antes de la citada reunión me la encontré en el messenger y le dije que si había un buen revén podríamos vernos en algún lado. La chateante aceptó la invitación a “ninguna fiesta por el momento”, me dio su celular y, en ese momento, me di cuenta que no sabía su nombre.
Anoté su teléfono y pensé que podría ser interesante vernos por primera vez en un inicio de año, cuando las fiestas se ponen intensas y el primero de enero uno se convierte en una plasta humana y/o máquina destiladora de alcohol.
Para las 4:30 a.m. mi peda me llevó a un solo lugar, el Living, antro que detesto porque huele a cola, siempre hay musculosas que odian a las mujeres que ven pasar porque dios les dio chichis y la música es nefasta, no obstante, los niveles etílicos me obligaron a seguir la fiesta.
Ahí me encontré con un amigo gay que hace mucho no veía, platicamos largo rato sobre nuestros distintos rumbos, los malviajes, el sexo, el pop de nuestra época, mismo que poco a poco se va extinguiendo, todo al ritmo de ron bacardí blanco y un twi twi twi twitwitwi twi twi (entiéndase como tonada de house culerón)
Dieron las 7 a.m. y yo seguía mandándome mensajes con la implicada, para ese momento sólo pensaba en sexo, pay de pelos, sexo y más pay de pelos así que sin más la invité a mi casa, la chica respondió afirmativamente y de un momento a otro, la mujerzuela se encontraba en mi hogar con una botella de vino en la mano.
De buenas a primeras el tiempo nos llevó a una linda sesión de fotos en el que la muchacha me mostró sus dotes con singular alegría, cabe destacar que las bolas mostradas pertenecen a las bolas de alta altura (o alto pedo, como gusten).
Abrimos el vino con un cuchillo porque yo no gozaba del instrumento destapavinos, platicamos, nos reímos, nos sentamos juntitos en el sillón, nos fuimos a mi cuarto (por ahí de las 10 a.m.) nos metimos mano durísimo (no tanto como yo hubiera querido) y nos despedimos como a la 1 p.m. aceptando, con honestidad, que las cosas ya no son igual que cuando uno tenía 20 años y que con ese nivel de cansancio no había forma de que dos seres humanos tuvieran un buen desempeño sexoso.
Sin duda la tarde fue un infierno, el día siguiente igual, no obstante, este encuentro casual de alta diversión y cero pudor me pareció un buen inicio de 2007, espero volver a encontrar a la chica y visitar algunas otras partes de su cuerpo no auscultadas en la primera sesión y sí mencionadas en el título de este entretenidísimo blog.