Mi calentura no tiene límites

Me tomo la libertad de empezar este post con una frase célebre acuñada por uno de mis mejores amigos en tanto que es de lo más útil para ilustrar una reflexión que me tiene ocupada desde hace un par de semanas. La pregunta es ¿Debe uno detenerse cuando se anda caliente, urgido, jarioso, queriendo alimentar a la nutria, con ganas de morder la alfombra, como milanesa en aceite y el sujeto o sujeta con el que es posible intercambiar fluidos pertenece al sequito de los mejores amigos o amigas de uno?
Porque, no nos hágamos, a muchos de nosotros nos ha pasado eso y, regularmente,  las consecuencias no se pueden calcular. Los posibles escenarios son diversos, desde el más favorable que dicta que siempre tuvimos al amante perfecto al lado todas las ocasiones que fuimos al cine, hasta la más terrible de todas que es que, como si nos enteráramos de que el susodicho o susodicha perteneció al Partido Nazi (o al PAN, no importa, jajajaja) y de la noche a la mañana ambos dos borran teléfonos, correos, messenger, regalos de cumpleaños, ropa olvidada en el coche, algo así como en “Eternal sunshine of a spotless mind” pero sin ayuda de un aparato médico sofisticado y sin Kirsten Dunst bailando en calzoncitos (licencia poética mi querido MAN).
También existe la posibilidad de que ninguno de los dos diga nada y que al siguiente día se vuelvan a ver con “el mismo cariño y respeto” que antes de que se tocaran sus partes, yo creo que esa opción es la menos sincera y clara de todas porque la energía sexual es la energía más cabrona que posee el ser humano y esto de intimar con la banda, quieran que no, tiene sus consecuencias.
Luego entonces ¿qué procede? porque la mera verdad yo nunca me he detenido ante este hecho, ni tampoco ha habido proceso de selección en cuanto a que si son hombres o mujeres, aunque los hombres siempre son los que “cooperan con mayor facilidad” y las secuelas han sido muy diversas. Después de varias experiencias al respecto y a un chirris de cumplir 30 años me pregunto si hay que tener límites o seguir por la vida echando una moneda al aire y probando si la inscripción de los que consideramos mejores amigos se re-abre por causas de fuerza mayor, por ejemplo, que un amigo o amiga se dé de baja de la lista por haber tenido ondas con uno.
No quisiera que esta disyuntiva cayera en una discusión moralina de hueva porque, señores, sí estamos seguros de algo es de que es mejor coger que no coger, eso sí que es casi como una ley de Newton, el asunto es si el acto tiene que ver con un amigo (a) la cosa se torne en una despedida irremediable. Hasta el momento lo sigo pensando y todavía no tengo una conclusión al respecto, lo que si les informo es que la lista de mejores amigos tuvo una baja reciente y las inscripciones están abiertas, interesados mandar su CV al correo de la página.