¿Hablando de sexo?
Dormía placidamente cuando un rayo de luz entró por mi ventana. Me levanté con el objetivo de hacer ejercicio, me había propuesto ejercitarme los sábados, ya que la edad está haciendo estragos de mi cuerpo y estoy conciente que ninguna mujer desea a un hombre con el cabúz del tamaño del de Carmencita Salinas, así que decidido, prendí la tele y me subí a la bici fija.
No entiendo muy bien qué es lo que sucede en los famosos laboratorios deportivos que uno ve en los infomerciales primer mundistas de marcas como Nike, ya que no podía dar crédito a la enorme incomodidad del asiento de la bici ; mi primera impresión fue que están diseñados para las mujeres, ya que después de diez minutos, todo mi aparato reproductor sexual, santísima parte de mi anatomía, se sentía completamente mancillado y ultrajado por el mentado asiento.
Preguntando a algunas amigas, supe que el problema no sólo se presenta para los varones, lo que me hace sospechar que las bicis fijas no están hechas para hombres ni para mujeres, luego entonces ¿por qué esa insistencia de adquirir una bici fija dada la imposibilidad física que se gesta en cuanto uno se sube al aparato de ejercicio cardiovascular? Después llegué a la conclusión de que las compañías de toallas están coludidas con las empresas de aparatos deportivos, le venden a uno una bici que va a terminar de toallero ¡hubiese visto toallero más caro!
Me di por vencido, así que suspendí el ejercicio y salí a la calle, el ambiente estaba enrarecido, la calle demasiado desierta para la hora del día, las pocas personas que transitaban por la colonia se veían francamente obcecadas, pero lo más importante es que no había niños en la calle, ni uno solo, sus gritos, los saltos de un lado a otro, el jalar la falda a la mamá, sus pinches mañitas neurotizantes se habían resguardado en algún lugar, un sábado a medio día.
El asunto de no tener mocosos en la calle me pareció espectacular, no es que tenga nada contra los niños, pero aún no acabo de entender cómo funcionan, me produce escalofríos pensar que una cosa así de pequeña, piensa y es un ser independiente, articula un discurso y tiene deseos y preferencias definidas.
A pesar de mi frustrada sesión de ejercicio deseaba una bebida hidratante propia de los deportistas de primer nivel, así que fui a la tienda de la esquina y estaba cerrada; caminé hasta el Oxxo más cercano y también se encontraba cerrado; caminé rumbo al Seven eleven, al Gigante y a la tienda del ISSSTE, cerrado. No había ningún negocio abierto y conforme avanzaba más, la soledad de las calles iba aumentando, casi, casi se podían ver las ruedas de ramas (nunca recuerdo su nombre) que corren por el desierto sonorense, así como en los westerns de los 60.
Sentí escalofríos, no podía entender lo que estaba sucediendo, primero habían desaparecido los niños, después todas las personas. Yo, caminando por las calles, sin rumbo fijo, la mera neta, hasta me dieron ganas de llorar, nunca antes me había sentido tan solo, ni en el mal viaje de los hongos le pasan a uno esas cosas.
De pronto, una hoja de periódico rodó hasta mis pies impulsada por el efecto del viento; pude ver que el periódico era de esa mañana, las ocho columnas rezaban lo siguiente: Fox propone un México adúltero “¡ ¿Quée?!” grité sabiendo que nadie me escuchaba, con gran premura leí la nota. Al parecer el señor presidente de la República Mexicana había afirmado en la Cumbre de las Américas, celebrada en Argentina que “s i no existe ese "sí" a mi propuesta de matrimonio, seguiré insistiendo y seguiré haciéndole más el amor al Mercosur y más el amor al ALCA”.
No pude leer más, mis ojos saltaron de sus órbitas como dos pelotas de pin-pon, tiré el periódico como si se tratara de algún libro de brujería o como si fuera un papel lleno de caca, corrí a mi casa a toda velocidad, prendí la televisión, lo que me esperaba no tenía precedentes. En la televisión (en la abierta, no tengo cable) había puras pelis pornos y todos los protagonistas hombres tenían sobrepuesta la cara de Fox, me frotaba los ojos, me tomé la temperatura, fui al teléfono y le marqué a varios amigos, nadie contestó. Regresé horrorizado hacia el cuarto de la tele, el porno y la cara de Fox seguían en la pantalla, tomé el control remoto y cambié de canal hasta encontrar un programa de discusión, era el doctor Simi explicando cómo habían logrado que Pfizer donara la fórmula del Viagra para reproducirla en su modalidad de medicamento similar. Esto gracias a un mandato del presidente Fox que había aceptado públicamente que no se le paraba y que por eso la Martita era tan perrukis, pero que después de su deschongue en la Cumbre y de su aceptación de la sexualidad, deseaba que todos los hombres con su “problemita” disfrutaran de una vida plena con su pareja, de ahí el decreto a favor del “Viagra similar”.
No sabía donde focalizar mi atención, si en la asquerosa escena de imaginar a Martita y a Fox cogiendo, en la inverosímil noticia de que Pfizer había donado la fórmula del Viagra al doctor Simi, o en la innata capacidad que había encontrado en mí mismo para entender al doctor Simi sin traducción simultánea y/o subtítulos.
Mis nervios se encrisparon, las manos comenzaron a sudarme, un panista hablando de sexo, el presidente Fox hablando de sexo, todo México hablando y viendo sexo en TV abierta ¡el infierno en la tierra! ¡se aproxima el Apocalipsis!.
De un salto, sudando y con un grito entrecortado, abrí los ojos, mi cama, mi cuarto ¡estaba soñando! Las lágrimas corrían por mis cachetes y casi, casi se me salían los mocos de las fosas nasales ¡una pesadilla! ¡una horrible, horrible pesadilla!.
Me levanté de la cama y respiré profundo, de pronto vi la bicicleta fija, preferí abstenerme de hacer ejercicio, no fuera ha ser la de malas; echando la primera meada del día no pude evitar reírme ¿de dónde había sacado la idea de una tragicómica bigamia institucional propuesta por Fox, dado que estaba dispuesto a seguir haciendo el amor tanto al proyecto del ALCA como al MERCOSUR? Digo, una cosa es que el Don Fox diga José Luis Borgues y ¡Qué bueno que usted no lee los periódicos! pero hablar de sexo, eso sólo podía imaginarlo alguien con la mente retorcida, sólo alguien como yo podía imaginar una mamada de ese calibre.