Devotos de la democracia
Total: Total: Total:

Devotos de la democracia.

Durante más de una semana, cerca de 13 mil internautas visitaron esta página para encender una veladora electrónica al santo de su devoción. Los resultados se aprecian aquí.

Cuando por fin terminaron las campañas y con ellas las encuestas. En modafoca.com hicimos un tributo doble: primero a la plegaria, uno de los formatos de comunicación más usados en el mundo y luego, un tributo a las encuestas de intención de voto, otro formato de comunicación en el cual la esperanza es sustancia activa.

Con este experimento inauguramos otra etapa en nuestra inconclusa página web: un tributo a la Esperanza, uno de los productos más exitosamente administrados y vendidos en la historia, así como un misterioso fenómeno.

¿Bien o servicio? ¿onda o partícula? Néctar o veneno, la esperanza parece a veces una sutil e incorpórea emanación, a veces una notoria y burda secreción. Aparentemente ocurre siempre que exista una persona y algún otro factor que genere, produzca o administre el vehículo, canal, depósito o reacción neuroquímica, para que se manifieste ese impulso, tan apreciado y del que se dice es lo último en morir.

El primero de los hombres K. era repetitivo en ello: la esperanza y la desesperación son la misma cosa, un mismo proceso. U.G. dice que si uno pudiera en verdad perder toda esperanza uno caería muerto, literalmente, muerte clínica. De manera que vamos, según él, sustituyendo una esperanza por otra, siempre anclados a una ilusión por venir, a algún tipo de certeza o providencia. Es por eso que hemos sido tan buenos clientes de los místicos unos, y de los políticos otros. ¿Será?

http://modafoca.com/god.htm

Mientras tanto y para celebrar el pluralismo metafísico característico de las democracias liberales, hicimos un tributo a tres populares depositarios de la esperanza moderna, y al mismo tiempo un tributo a la promesa democrática de representación y gobierno.

La invitación es a considerar que en el corazón de la democracia moderna radica el fenómeno de lo sagrado, tanto en la noción de bien común, en la idea de representación y soberanía del pueblo, así como en el discurso de los derechos Humanos: cada religión o comunidad cultural tiene su propia verdad a cerca de lo que el hombre es, lo que debería ser y la manera de lograr esa realización.

En el corazón de la democracia se lleva a cabo un sacrificio simbólico, un proceso de sacralización, donde la voluntad soberana del pueblo es ungida como verdad incontrovertible. Este nuevo providencialismo encarnado en las instituciones democráticas, nos promete que como individuos tenemos el derecho fundamental de buscar y encontrar la felicidad en cualquiera de sus presentaciones, desde Jesús hasta Satanás. Además, en una democracia moderna, si cualquiera de sus adeptos hace mayoría puede lograr, gracias a los procesos e instituciones, un gobierno que represente sus valores, sus aspiraciones, sus esperanzas.

Poliforme, mutante y con una pluralidad de metafísicas que evidencia su paradójica constitución, la democracia liberal moderna es una promesa grandiosa:

La promesa de que ninguna metafísica en particular, podrá erigirse como principio de realidad universal sobre la presunta neutralidad deontológica de la democracia. La promesa de que podremos convivir con nuestras diferencias metafísicas, a pesar de que cada quien viva una realidad distinta en cuanto a lo que el hombre es, lo que debería de ser, y el camino para lograrlo.

Mientras aprendemos a tolerar y a convivir con la fe y la esperanza de los demás, prendamos una veladora electrónica que hace falta hoy, creer en la democracia.