Forever? Never!
Desde que el bloggero autodenominado MAN decidió que era inaceptable usar mocasines y pensar que con U2 el mundo de la música se acabó, he entendido lo que es vivir en el miedo. Atrapado en la prisión de alta seguridad de la vida doméstica, atascado en el marasmo del doctorado y con pocas opciones de escape, mi futuro como fan de la música pop se veía negro, tanto figurativa como literalmente. De entrada, está el hecho de que aquellos de nosotros nacidos después del ‘74 pero antes de los ochentas nos encontramos perdidos en un territorio musical que ha sido capturado por el hip hop , al menos acá en el gabacho. Si en los noventas lo único que había era Kurt Cobain, Michael Stipe y Billy Corgan, ahora en la primer década del dos mil lo único que hay son batitos que se autodenominan Fifty Cent, The Game, Puff Daddy, Snoop Dogg y Biggie Smalls, apelativos que la neta más bien son de taller mecánico o de penitenciaría chunga. Es increíble. Toda la banda gringa escucha a éstos cuates, y es dificilísimo hallar gente que escuche otra cosa. Me burlo de M cuando en el radio ponen una rola que no sea de hip hop porque le digo: look honey! A white singer! They were before your time. No es que el hip hop no tenga sus virtudes. Por ejemplo, es útil cuando uno está en el bar y le late bailar con alguna güerita y la güera tiene ganas de divertirse y ve en el color café de su narrador un elemento de exotismo que incrementa el gusto por hacer el frottáge obligatorio. Las legiones de estudiantes que han encontrado liberación y sosiego durante una rola de hip hop son incontables, y la labor social que esta música desempeña no la desempeña nada más. Parafraseando a Oliverio Girando: mis manos se adhieren al muslo y la de veces que he querido bailar cuando veo bailar a una gringa. ¡Pero carajo! Todo con medida. Salvo excepciones como Eminem, de quien diremos lo que sea, pero quien tiene un vocabulario extensísimo y un control rítmico magistral, pocos jipjoperos tienen la suficiente versatilidad como para poder convalidar sus rimas en dimensiones distintas a las corporales. La explicación de mi amigo F. es que Eminem, siendo blanco, ha tenido que explotar sus habilidades para sobresalir en un medio esencialmente negro; esto explica la lucidez de sus versos, lo rico de su lenguaje, su subtexto defensivo y su apropiación del léxico urbano o de lo que los gringos llaman el inner city . Obsérvese por ejemplo, la rola que hizo con D12, donde dice: I'm this way, still tell that utsl-ay itchb-ay ucks-ay my ikcd-ay, 'scuse my igp-ay atinl-ay But uckf-ay you igp-ay, simultáneamente creando su discurso con el caló negro pero haciéndolo con pig latin, la versión gringa de hablar con la éfe y que es más bien característico de la clase media blanca. Mi explicación englobadora y mucho más fácil es que el hip hop es bueno para la calentura, pero malo para todo lo demás.
Sin embargo, en la pira ardiente de la derrota del rock and roll, resulta que se están forjando bandas nuevas que por debajo de la superficie del hip hop, hacen una labor de resistencia que nos da esperanzas a los que crecimos oyendo música cuyos basamentos eran la batería, un bajo y hasta dos guitarras. MC, JR, otros tantos personajes variopintos, y diversas publicaciones me están conectando con la resistencia indie, y dándole nueva forma a mi vida musical post U2 y post Pixies.
Llevo, de hecho, poco más de dos meses activamente renovando el contenido de mi playlist tratando de abrir mi conciencia a nuevas cosas. Uno de mis proyectos recopila canciones de infatuación y es algo de lo que quizás hable después. Ya saben, las quince mejores canciones que ilustran lo idiotas que nos podemos poner cuando nos gusta alguien. La otra lista es de espectro más amplio y tiene por objeto darme un soundtrack ampliado compuesto por grupos que tengan menos de tres álbums o que hayan alcanzado su fama en este siglo. Los Killers todo mundo los conoce y ya hablé sobre ellos así que no diré nada, salvo que el video de All These Things I've Done que dirige Antón Corbijn en definitiva lo tienen que ver. La japonesita del boomerang es fantástica, animás que toda la banda sale disfrazada de vaquero. Franz Ferdinand es otra opción fenomenal cuyo segundo disco apenas estoy revisando, después de haberlo desdeñado. La voz de Alexander Kapranos en The Fallen trae redención para los que caemos del lado equivocado de la línea divisoria entre el cielo y el infierno. En esa rola, se pone asincopático, le mete duro al Iggy Pop y antes de terminar de darnos la absolución nos dice: la la la la la la. Otra banda pequeñita y super chida es Clap Your Hands and Say Yeah! , sacó su disco con sus propios medios y está haciendo una revolución sin manos cuyos resultados apenas se están viendo en los medios. Yo apenas me metí a investigar más al respecto de Frou Frou y su vocalista, Imogen Heap y encontré dos rolas que jalarían perfectamente en mi soundtrack de la infatuación a lo idiota. Como ya dije todos hemos pasado por ahí. En la primera rola la calentura es mutua, en la segunda la calentura llega a pesar de las mejores intenciones de una de las partes. Ya clavados en la parte electrónica, The Postal Service y Death Cab for Cutie son obligados, y pues también le estoy metiendo a Zoot Woman . En fin, lo único que les digo es que todavía hay esperanza para nosotros.