Jersey tiene de todo. Por ejemplo, cruzando el Delaware se encuentra Camden, el municipio más violento de la Unión Americana. Hace un par de meses la prensa local reportaba la desaparición de dos chamacos. La policía, los padres, los vecinos, un equipo canino de búsqueda y medio condado se abocaron a la búsqueda de estos niños. Aparentemente, a nadie se le ocurrió – los perros de búsqueda incluidos - abrir la cajuela de un auto abandonado que estaba en un terreno baldío al lado de la casa de la familia. El momento cuando los niños fueron encontrados por su padrastro quince días después de iniciada la búsqueda fue reportado en vivo y a todo color por una omnipresente televisora que siguió en close up y luego en long shot esta pequeña tragedia, una más que se acumulaba en Jersey. En este mismo condado también hay un acuario con 20 especies distintas de tiburones, y un tanque donde por cien dólares uno puede interactuar con los escualos enfundado en un traje de neopreno y supongo yo, al menos un cuchillo para poder defenderse. El acuario está abierto al público seis días a la semana, descansando los lunes, por si algún día se les ocurre ir. A un lado del acuario está el crucero USS New Jersey, cuya última acción bélica tuvo lugar en la primera guerra de Iraq lanzando misiles sobre Bagdad. Actualmente funciona como museo flotante y uno puede posar bajo los cañones de 120mm, feliz porque éstos no están abriendo fuego en contra de nadie conocido.
La última atracción de Jersey es una liga de Roller Derby femenil. Si no saben que es esto, piensen en su primera infancia, en COTSA, en las épocas cuando las funciones constaban de dos películas, existía la permanencia voluntaria y había intermedios para que la gente pudiera salir a comprar chuchulucos mientras veía a Charlton Heston, a Bud Spencer o a Margaux Hemingway . En esos días hubo una película llamada Rollerball , protagonizada por actores tercerones y cuyo leit motif consistía en la lucha feroz que había entre dos bandas de un NY apocalíptico que andaban matándose…en patines. Con mis tiernos ocho años, juzgue que eso era ridículo, y omití decirles a mis padres que me llevaran a verla. Sin embargo, he descubierto que la premisa no sólo no es inverosímil, sino que al contrario, es totalmente realista, está basada en hechos verificables, es un evento de culto y se repite semana a semana en una pista de patinaje llamada Millenium Skating Ring .
Llegar a la dichosa pista fue un logro. Al cruzar el Ben Franklin tomamos la salida equivocada y estuvimos dando vueltas a lo idiota en la I-76, perdidos en un océano de strip malls y Sunocos . Contra nuestras expectativas, finalmente sí encontramos el lugar y nos estacionamos entre una camioneta cuya defensa decía Pussy Wagon y un silencioso Gremlin color moco. Pagamos doce dólares por persona y tuvimos que firmar una declaratoria para deslindar responsabilidades en caso de que alguna de las combatientes nos cayera encima. Adentro de la pista de patinaje estaban todos los aficionados de este deporte: traileros , rednecks , hicks , geeks ,nerds, banda gótica y banda punk, a quienes nos agregamos un mexicano y una enfermera. Para los que nunca hayan visto un partido de RD, permítanme les explico las reglas. Las participantes, todas ellas mujeres, no se pueden poner ropa como la gente normal, y es menester que tengan piercings , o tatuajes o ambos. Las minifaldas o los shortcitos a lo Daisy Duke son obligatorios, las panties son opcionales, los escotes pronunciados o los topcitos pegados son parte fundamental, y si la contendiente, pálida y mórbida, desea embarrarse sangre falsa en el velamen para aparentar ferocidad…pues mejor. Los tipos esenciales de jugadoras son tres: las pequeñitas tísicas rapidísimas que son las encargadas de patinar como desquiciadas para acumular puntos, las gordas fenomenales que son las encargadas de darle de codazos en los ovarios a las pequeñitas tísicas para evitar que rebasen al grupo principal, y las buenísimas, que están ahí con el objeto de mover sus déstas de un lado a otro, desafiando a la gravedad para mantener la lealtad de la afición. Las reglas del juego son sencillas: los equipos se aglomeran como muéganos en un lado de la pista y empiezan a patinar, las buenonas adelante, las gordas en medio y una tísica por equipo hasta atrás, como a cinco metros de distancia del grupo principal. La misión de las pequeñitas es alcanzar, atravesar y rebasar al grupo principal antes que su rival. Se cuenta un punto por cada vez que una de las chiquitas logra rebasar al resto del equipo, y se reinicia el conteo en cada una de las vueltas. En el medio tiempo, uno de los árbitros libera un pescado descomunal a media pista, y una representante de cada equipo pelea por él. Gana la que al final queda en pie y con el pescado en la mano, y pierde la que quede inconsciente en el piso. Se ve de todo. Como lo mencioné antes, algunas jugadoras no llevan panties y cuando se caen se les ve el vuelve a la vida. Hay momentos líricos cuando alguna de las gigantonas de dos metros le da un mandoble a alguna de las otras jugadoras, arrojándola contra los espectadores dando tumbos estentóreos. En el juego que vimos había una chava que fungía como referee y que estaba embarazada y que usaba la panza como ariete moral y que clamaba venganza por todos los niños no natos. En el medio tiempo hubo un show de burlesque y había pizza de a tres dólares por rebanada. Esa es la última atracción de ese hermoso estado llamado Jersey. Si alguien quiere yo le puedo conseguir boletos VIP. Cuestan cinco dólares más que los normales, y garantizan que les caerá encima alguna de las jugadoras. Quizás valga la pena.