12 Septiembre, Fat bottomed girls

 

La gringa promedio es 3.2 veces más atractiva que la defeña promedio. Esto no es racismo, ni elitismo, ni ningún ismo. Es un hecho estadístico basado en mi aguda observación personal, condicional en los cánones estéticos prevalecientes, que serán falocráticos, occidentales y contemporáneos, pero son lo que hay. Asimismo, la gringa promedio debe ser copa y media más grande que la mexicana promedio, lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas.

Se acostumbra uno a la exuberancia, y como la gringa entendida como especie no tiene ningún problema en enseñar lo que tiene, la vida del exiliado se vive entre el encaje de brassieres ajenos, escotes super marcados, y las firmes, suaves, pronunciadas, evidentes curvas de los pechos de cientos de miles de mujeres. Es uno de los mejores elementos de la vida en Estados Unidos, y que genera todo tipo de choques de reintegración cuando uno regresa a México, donde las mujeres tetoncitas son pocas, aunque muy apreciadas.

Desgraciadamente, la agente representativa ya mencionada no tiene caderas. En un espacio tridimensional la gringa es dos veces plana. En el eje de las equis, no se ensancha pasando la cintura y no hay diferencia entre sus costados y el inicio de sus muslos. En el eje de las yes, vista de perfil, no goza de esa curva que inicia donde termina el músculo dorsal y que termina donde principia el cuadriceps y que el público en general conoce como culo. La situación es todavía peor. La gringa promedio pasa gran parte de su vida peleándose con el grosor y tamaño de su derriére, y gran parte de su energía psíquica se consume pensando que tiene el culo gordo. Es más, cualquier insinuación en este sentido puede iniciar un pleito o una sesión de lloriqueos que un macho alfa latinoamericano está imposibilitado para detener. Ellas, para evitar desaguisados, queman al mismo tiempo muslo y nalga en el gimnasio, mismo que está acondicionado precisamente para deshacerse de las partes que les resultan incómodas. Solo una nación con estas hembras podría haber inventado, por ejemplo, el aparato conocido como "amo de las escaleras" cuya función principal es bajar tallas del bote.

Lo cual, es por decir lo menos, una tragedia. Cualquier desproporción es mala, y esto inclusive Aristóteles lo sabía. Este desbalance anatómico no puede ser sano, con seguridad va contra natura y probablemente tenga repercusiones psicosomáticas que nadie se ha molestado en analizar. A mi por lo menos, esta falta de caderas me da nostalgia.