Los extraviados

Estar extraviado significa literalmente "estar fuera del camino". Lo cual presupone la existencia de un camino único del cual el extraviado ha tomado distancia y no puede reencontrar.  Y sin embargo todos sabemos que no hay un sólo camino.  No existe ese único y verdadero amor, no existe ese destino fulgurante  que tenemos que seguir. No tenemos a alguien para decirnos: ahora que sabemos quién eres, podemos finalmente saber quién soy.  Nuestros múltiples futuros se aglomeran como compota,  separarlos los unos de los otros es una labor titánica. Compararlos y cantar sus virtudes y defectos es una labor de ciegos.  Pero si lo que hemos dicho es cierto, y todos pertenecemos a múltiples destinos y hay ecos de nosotros en miles de vidas, de ahí podemos concluir que por definición o nadie está extraviado o todos estamos perdidos.

Vivo en Filaldefia, Estados Unidos de América, cuna de esta nación y ciudad donde unos terratenientes blancos  y autoactualizantes se dieron cuenta que habían metido la pata a la hora de redactar su constitución y decidieron dar marcha atrás. En el segundo congreso continental quedó plasmada para la historia la línea que dice: "...y con el objetivo de dar forma a una Unión más perfecta...".  El lector menos avezado podría pensar que esta línea implica que un grupo de iluminados se reunió para construir una unión política mejor que cualquier otra. El escéptico como nosotros se da cuenta que a lo que se estaban refiriendo los Padres Fundadores era a su error previo y no encuentra en esta declaratoria nada más que una aceptación humilde de un error cometido y una expresión del deseo de hacerlo mejor. Lo que esta grave oración quiere decir es: "y dado que la vez pasada la regamos, nos hemos juntado de nuevo para ver si nos sale mejor."  Ellos también estaban extraviados.

¿Yo? Cada mañana me despierto en una cama que está a tres mil millas de distancia de mi cama original.  De mi ventana se ve un roble que se mece con el viento del otoño, y en los inviernos más inclementes, me detengo en un cafecito independiente para comprar un café y un bagel fundacional que me protejan de las bestias del hambre. Ésta es la vida que he elegido, y ésta es la vida que dependiendo de mi humor, puedo pensar que es un extravío o que es el sendero que yo inevitablemente tenía que recorrer. Hay días en que volteo y veo a M., ojos azules y piel blanca y me sorprendo y buscando solidaridad de color me encuentro con otros tantos cientos de ojos claros y me pregunto: ¿de dónde salieron todos estos gringos? Y aún más importante ¿qué jodidos estoy haciendo yo aquí?  ¿Están extraviados ellos, o estoy extraviado yo? Veremos.