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Hablar en el cine, primera parte
Ya en ocasiones anteriores he escrito en este diablog sobre mi afición al cine. Ahora es momento de hablar sobre por qué no me gusta ir al cine en México.
No voy a hacer comparaciones, eso significa que no voy a hablar de los civilizada que es la gente en Europa cuando se mete a una sala de cine a ver una película, particularmente en eso que llaman las salas de arte.
En esta colaboración voy a centrarme en una de las más particulares y arraigadas tradiciones cinematográficas mexicanas: hablar durante la película. Y cuando digo hablar no me refiero a aquellas personas discretas que tienen un comentario atinado sobre lo que está sucediendo en la pantalla y lo susurran a su compañero para no molestar a los demás. En realidad apunto al 70% restante, esos que vociferan como si estuvieran en la sala de su casa. Es posible clasificarlos de diversa forma, si bien no les he puesto un nombre, las siguientes escenas pretenden describir como se lleva a cabo esta bonita costumbre nacional.
- Hace ya algunos años fui al cine a ver Trainspotting, creo que a una Muestra de la Cineteca. Como era normal en aquel entonces (estaré hablando de 1997 o así) la sala estaba a reventar. Sentada a lado mío se encontraba esta chica, tendría unos 23 o 24 años. O la chica iba sola o sus acompañantes habían decidido abandonarla por pura vergüenza. Durante toda la proyección no dejó de hacer apuntes verbales sobre las secuencias, desde el “guácala, que asco” cuando Renton se hecha a nadar en un escusado para recuperar sus supositorios de opio hasta el “se lo merecen por drogos” durante la mayor parte del tiempo restante. Después de cada comentario, la chica volteaba a su alrededor buscando la aprobación del resto de los asistentes a la sala y nunca se detuvo, pese a que alguien le pidió que se callara por favor (ella dijo algo sobre que no permitiría que sus derechos fueran pisoteados y siguió compartiéndonos sus pensamientos, yo estoy casi seguro de que el lunes pasado estuvo en la toma de protesta del Presidente Legítimo, no sé si arriba o abajo del escenario).
- Esta es una escena arquetípica, se puede tratar de cualquier película en cualquier sala de esta ciudad. El hombre entra a la sala de cine como partiendo plaza, la mujer camina detrás de él como quien apenas es capaz de creer su suerte. El lleva palomitas y refrescos, ella lo mira arrobada. Durante el tiempo en que no sucede nada en la pantalla, o cuando salen las animaciones horribles a decirnos que compremos dulces, apaguemos el celular y cerremos la boca, o cuando están los comerciales o los cortos de otras pelis, no dicen nada. Acaso un suave cuchicheo amoroso y alguna risilla esporádica. Uno, engañado, decide que es un lugar seguro y se sienta delante de ellos. Cuando empieza la peli, la mascarada termina y empieza la batalla. Ella, durante toda la proyección, hará preguntas sobre lo que sucede en la pantalla a su macho alfa quién, como el resto de los asistentes a la sala, no tiene puta idea de que es lo que viene (así es el cine, sorpresivo y misterioso), pero no puede quedar así ante la madre (o futura madre) de sus hijos, así que comienza a jugar al guionista inventándose una trama de la siguiente forma:
Ella: ¿Por qué esa Trinity puedo brincar entre esos dos edificios que están tan separados?
Él: Porque pertenece a una raza superior de mutantes.
Asunto saldado, no importa que después nos enteremos de todo este asunto de que si Neo, o si Morpheus o que si la Matriz y los Agentes. El Macho Alfa cumplió.
- Cerca de mi casa se encuentra el Cinemark CNA, de alguna manera icónico pues representó por mucho tiempo la modernización de las salas cinematográficas mexicanas. Ir a estas multisalas significaba que ya no debería uno ir al cine con un palo con clavo para matar a las ratas, que no corría el peligro de perder el zapato cuando este se quedara pegado con las mieles de refresco desparramadas en el piso, etc. Ya han pasado sus mejores tiempos. Ahora he descubierto un bonito fenómeno. Cerca de ahí se encuentra la Secretaría de Marina, por lo tanto, cuando los marinos tienen el día franco (creo que así se dice) muchos de ellos van al cine a ver lo que sea, es decir, la película más cercana a su hora de llegada. Esto significa que la gran mayoría de las veces les interesa muy poco la peli y solo quieren pasar el rato. Debido a esto me he enterado de diversas grillas que se traen entre ellos, o de cómo está su familia y de algunos detalles sucios de sus vidas íntimas que no vale la pena contar aquí.
Continuará…
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