Hablar en el cine, segunda parte.

En mi entrega pasada de este diablog comencé con el recuento de una serie de escenas que ilustran la tan mexicana costumbre de hablar en voz alta en las salas de cine cuando el resto de al gente intenta ver la película. Prometí que la cosa continuaría y aquí continúa:

1. La película está en el climax, es decir, estamos a punto de descubrir que el greñudo es un traidor al equipo, o Virginie Ledoyen está a punto de besar a Ethan Hawk o lo que sea. El caso es que suena un celular atrás de nosotros y esto es lo que podemos escuchar:

“Bueno. No hay bronca, estoy en el cine. Si, todavía falta como media hora. Pues si, si quieres nos vemos ahí. No güey, si está muy difícil mejor nos vemos mañana. Ok, perfect. Bueno, mira, o sea si me interesa, entonces preferiría que nos viéramos hoy. Si, pero no te preocupes, si te va mejor mañana, mañana. Ok, mira, mejor te marco en un rato a ver en donde estás. No, si está buena la película. Si, vela. Ok, nos marcamos en un ratito”.

Sorprendentemente, nadie le dirá nada.

2. Nuevamente estamos en nuestra sala de cine típica y la película transcurre con normalidad. En la pantalla aparece Emma Thompson haciéndola de Emma Thompson y justo atrás de nosotros se puede escuchar el siguiente diálogo emitido por dos voces anónimas:

 

-¿Ya vistes?
-¿Qué?
-Esa
-¿Esa qué?
-La que sale en la película
-Si, por eso, ¿esa qué?
-Se parece a Viviana.
-¿Cuál Viviana, tu?
-Viviana, tu tía Viviana
-¿Cual tía Viviana, tú?
-La esposa de tu tío Apolonio.
-No, pus no se de quien me hablas.
-Son primos de tus papás, los que vivían en Monterrey pero que se fueron a Torreón.
-Ah, claro, la tía Viviana, pero no, no se parece.
-Como no, vas a ver orita que vuelva a salir.



-Ves, ahistá, si se parece.
-Si cierto, si se parece.
-Ves como tenía razón.
-Si cierto, habría que hablarle, hace mucho que no hablamos con ella.
   
3. Este es quizá uno de los menos molestos. Pero solo a veces. Supongamos que la película acaba de empezar. Por toda la sala se escucha el sonido de las bolsas de chocolate que se abren y la gente que mastica palomitas. Desde la pantalla nos comienzan a soltar pistas sobre la construcción de los personajes y la forma en que se desarrollará la trama. Por el pasillo de entrada aparece este sujeto que llegó tarde y al que le dejaron su boleto con el cortaboletos. Se para justo a lado de la primera fila de asientos como buscando a sus amigos (de hecho los está buscando), enciende la luz de su celular para ver si los localiza. Luego espera a que el sonido de la peli se detenga por un momento y grita: ¡José! Si tenemos suerte los va a encontrar pronto o se sentará y los buscará al final, si no, lo escucharemos llorar por sus compañeros el resto de la proyección.

4. Esta sucede en las “salas de arte” de esta ciudad. Nuestro sujeto viste de pana y viene acompañado de una chica de lentes y pelo largo de apariencia despeinada. Afortunados de nosotros, en esta ocasión podremos contar con una versión inteligentemente comentada. Probablemente nos vale madres, pero no importa. El tipo este leyó la reseña de La Jornada y nos la quiere compartir. Así, podremos saber que la escena se parece mucho a una que filmó Truffaut, aunque carece de su maestría; que la actriz apareció por primera vez en un corto de Darren Aranofsky; que la edición vertiginosa supera por mucho los intentos previos de Oliver Stone; que la estética de la peli se encuentra a la mitad del camino entre Michel Gondry y Antón Corbijn, etc, etc, etc.

Aunque no creo que se haya agotado, en estas dos entregas he explorado el mundo de los cinéfilos parlanchines de la ciudad de México.  La esposa de un amigo, que comparte conmigo el terror por la gente que habla en el cine, ha desarrollado algunos reglas básicas para minimizar la probabilidad de que nuestro compañero de asiento en el cine sea un monito parlanchín.

Como regla número 1: no hay que sentarse cerca de cualquier persona que tenga niños so pena de pasar toda la película oyendo exclamaciones de júbilo, interrogaciones sobre la trama o doblajes mal hechos realizados por mamás aprehensivas que leen los subtítulos apresuradamente a sus hijos.

Como regla número 2: En la medida de lo posible hay que evitar sentarse junto a las personas de la tercera juventud o en plenitud de uso de sus facultades o como se le vaya a decir de manera políticamente correcta ahora a las personas que peinan cabellos argentos. 1) ellos siempre se cuentan la trama y comentan la peli porque con tanta experiencia han perdido ya todo sentido de la vergüenza. 2) La disminución en las capacidades auditivas es indirectamente proporcional al volumen de la voz a la hora de hablar.

A mí me gustaría dejarlos con algún consejo, pero lo único que puedo decirles es que hay que estar atentos, porque en este país, siempre es el menos pensado el que habla en el cine.