La última generación del joystick

La tecnología nos ha llevado a lugares pensados sólo por el ingenio de Phillip K. Dick o de Jeffrey Ford, mundos llenos de artilugios que generan un puñado más de realidades de las que estamos acostumbrados a vivir.

            Los videojuegos han contribuido enormemente a esa causa, haciendo que cosas imposibles tengan un espacio en el que pueden desarrollarse; así el gordito de la clase al más puro estilo Edgar (ese que gritaba ¡Ya, güey!)logra vencer hazañas en las que, en el mundo físico llamado planeta Tierra, se necesita estar re mamey, re carita y mejor entrenado que Jan Claude Vandam y Rocky 6 juntos. En otros casos, despampanantes bimbos logran resolver difíciles acertijos en pos de encontrar tesoros milenarios perdidos en el seno de lo que fue la antigua ciudad de Angkor Wat.

            El desarrollo en gráficos, multimedia e interconexión bifásica universal de los videojuegos ha visto su última cosecha en el Wii, la nueva consola de Nintendo, misma que ofrece los mejores gráficos con la mejor interacción a distancia; no más Edgars que ganen competencias de futbol soccer virtual porque, gorditos, pa´  jugar con esta cosa hay que moverse de su lugar. De igual forma, el aislamiento del chamaco, fenómeno que tenía altamente alterados a los padres de familia, se desvanecerá debido a que la puticosa tiene opción para cuatro jugadores, mismos que pueden estar físicamente o no en el área en donde se encuentre el mentado videojuego.

            He aquí donde empiezo a encontrar las enormes diferencias de cuando yo era chiquita y vivía en el cerro. Yo le manejé su Intellivision, el Atari, el primer Nintendo, una consola china re pinche que tenía unos cartuchos del tamaño de la mitad de los de Nintendo y como 200% más baratos, su Gameboy y su Nintendo 64 con Mario Kart; la sofisticación de hoy me aleja del corto aprendizaje que tuve en ese rubro, sobre todo cuando ve uno los gráficos.

            No obstante, al recordar aquellos terribles dibujos indefinidos en los que había que asumir que una bola café era King Kong y que la bola amarilla en el piso era una banana, me di cuenta que los hombres de hoy han perdido algo importante ante tanta sofisticación videojueguística

            En Atari había un juego de olimpiadas en el que uno debía hacer uso del joystick bajo parámetros que desafiaban los principios básicos de física, ya que para correr había que mover el palo ese de tal suerte que uno lograba la encarreración requerida pero no arrancaba el coso de su lugar, es decir, no destruía uno el apreciado control del videojuego.

            Pues bien, creo que no nos habíamos percatado señores, que la generación que tuvo que aprender a dominar las técnicas del joystick es, hoy por hoy, la generación experta en el handjob. Oh sí, ese requerimiento de no chingarse al joystick por el simple hecho de seguir en el torneo olímpico, nos enseñó a hombres y mujeres a “lograr la encarreración necesaria pero sin pasar a romper el aparato”.

            Así las cosas, con tristeza veo que los muchachos de hoy no tendrán las herramientas suficientes para saber “hasta donde mover la palanca”, espero que toda la tecnología les dé luz para aprender a hacer otras cosas.