Felipe Díaz Garza
Las enojosas noticias del periódico
Publicado en Reforma el 3 de diciembre de 2005
Un grupo de jóvenes empresarios tiene una tienda en la Ciudad de México, en la que venden muñecos con las caras de los políticos de su elección. Por 160 pesos podemos comprar una reproducción de Fox, de Madrazo, de Creel, de López Obrador y hasta de Marta Sahagún. Con su compra usted recibirá una dotación de alfileres, con los que podrá pinchar al monito en el entrecejo, por ejemplo, para que el representado o la representada desarrollen una visión de estadistas, en el ojo derecho para que se vuelvan transparentes, en el izquierdo para hacerlos previsivos o en el corazón para que sean honestos. Un piquetito en la entrepierna los volverá valerosos, mire nada más.
Las prácticas reales de vudú tienen connotaciones demoníacas y sus practicantes reales buscan el mal mayor para los representados por sus muñecos. Crea usted o no en la tradición negra de Haití, cada pinchazo en un muñeco representativo equivale cuando menos a una puñalada en el cuerpo del representado y no se busca que se vuelva bueno, sino que se muera y se pudra o viceversa. Los mexicanos no somos mucho de vudú. Pero sí lo somos de limpias, de barridas, de maldiciones, de mal de ojo, de embrujos y de toda suerte de estrategias brujeriles para hacerle un mal al que odiamos o para librarnos a la mala del mal que nos hizo el que nos odia.
Si los vudúcratas de la colonia Roma tienen éxito, que no dudo que lo tendrán, quiere decir que, aunque los jóvenes empresarios no se comprometan tanto, los mexicanos estamos perfectamente hartos de la corrupción de los políticos, de que sus corruptelas queden impunes, de que se levanten con nuestros impuestos, de que se burlen de nosotros y de que el sistema de gobierno haga como que los castiga con cachetadas de premios.
La única salida que nos queda es el muñeco de vudú para picotearles el corazón a Montiel, la sesera a Madrazo, el hígado a la "maistra" Gordillo, los riñones a Creel, la garganta y la vesícula a los hermanitos Salinas de Gortari, el ojo izquierdo y el derecho a los González verdes, padre e hijo y hasta tío, la columna vertebral a AMLO, para que les transmita los tormentos a todos sus jefes del gabinete capitalino, debajo de las uñas a Romero Deschamps y a Labastida, que tiraron la piedra del Pemexgate y sacaron la mano de Rogelio Montemayor, y en los tímpanos a todos los que a mí se me olviden, pero que usted recordará con furia vudúcrata sin igual.
Algunos van a quedar con acabado erizo, como el presidente Fox, por andar presumiendo de haber encabezado un buen gobierno, cuando lo cierto es que el fracaso fue el signo distintivo de su administración. Dígame si no está para comprar todos los muñecos de Fox que haya en la Roma el que el proceso criminal más importante de su administración, el conocido popularmente como Pemexgate, haya resultado un petardo, además de pólvora mojada.
No hay culpables del Pemexgate, ni siquiera hubo crimen, según los jueces mexicanos. Pemex podía prestarle dinero al sindicato, lo que hizo una vez, 640 millones de pesos entregados el 31 de mayo del 2000, y podía prestarle otra vez para que el gremio pagara el primer préstamo, lo que hizo otra vez, mil 100 millones de pesos entregados el 11 de septiembre del 2000. De la segunda entrega se rebajó el primer préstamo, mandándole los otros 460 al PRI para la campaña de Labastida. Se podría hacer así, según la cínica ley legislada en los 60 años de eternidad priista posteriores a la expropiación petrolera, pero eso no le quita que semejante arreglo "legal" sea insultante para el pueblo mexicano empujado por su impotencia a la vuducracia.
Igual de insultante es lo que hizo Moisés Carbajal en el estado de Guerrero, donde asaltó y tomó, junto con una banda de cenecistas seguidores suyos, la sede de la central campesina, de donde luego sustrajo computadoras y dinero en efectivo. Hace mes y medio que un juez dictó orden de aprehensión en contra suya, pero el asaltante logró evadir la acción de la justicia, de la que se convirtió en prófugo, hasta que el miércoles pasado se introdujo subrepticiamente al edificio del Congreso del estado. Allí el bandido rindió protesta ese día como diputado local, lo que le confirió el fuero constitucional que, durante tres años, evitará que sea aprehendido.
Ahora Carbajal es un asaltante con protección constitucional. Es legal, usted y yo no lo dudamos, pero igual nos insulta y nos duele la premeditación culposa de este priista sinvergüenza, hermano y colega de tantos otros iguales suyos, que tienen mansiones, aquí, allá y donde sea, que se levantan con el dinero de Pemex para una campaña presidencial que ni siquiera ganan, que se van a las Vegas a tirar dinero público, que juran que hicieron un buen gobierno cuando lo cierto es que fracasaron y ni siquiera pudieron hacer un aeropuerto porque unos macheteros se lo impidieron.
La gente está enojada y con razón. Por eso necesita muñecos con la cara de los traidores, de los ladrones, de los desvergonzados, de los asaltantes, de Elba, de Santiago, de Carlos, de todos los Carlos, de Vicente, de Andrés Manuel, de Marta, de Roberto, del niño verde, de su papá y de su tío y hasta de Norberto. Y no los vamos a picar para que cambien y se vuelvan mejores. Los vamos a picar con la gana secreta de que sufran, de que sufran mucho, de que les duela todo, de que lo devuelvan todo y que luego se conviertan en agujero y desaparezcan. Así es hoy en día el tamaño del odio popular a los políticos. Por algo será.
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