Un aparato reproductor femenino

Resulta que hace algunos domingos, sin nada qué hacer y después de despertar a las seis de la tarde con una terrible cruda, recibí el mensaje de una amiga que me conminaba a acompañarla a ver una película.

Sin saber demasiado sobre lo que se exhibía en cartelera, nos lanzamos a Cinepolis Universidad; en el trayecto, otra amiga marcó para saber si se podía unir a nuestro plan ya que, tratando de satisfacer sus instintos más bajos, tuvo a bien cagarla al invitar a su casa a un ligue re cutre que se consiguió en uno de esos estados rascuachones ¿ubican? Michoacán, Oaxaca ¿qué se yo? la cosa es que el mentado lanchero no quería partir a su tierra, supongo que quería “más gasolina” pero a mi amiga ya le había dado repeluz el chavo, así que su plan consistía en llegar por ahí de las dos de la mañana para que el joven estuviera en pleno azote con Morfeo y, dado que el transporte público que lo llevaría a su poblado saldría en la madrugada, no tuviera que volver a intercambiar fluidos con el susodicho.

Así llegamos a la taquilla, lo único disponible se llamaba “Cuatro labios”. Lo primero que pensé fue que se trataba de una peli experimental de la historia de cuatro vaginas, cuatro mujeres, cuatro labios. Me reí y tuve que confesarle a mis amigas las inferencias sexuales que saqué del título, una de ellas me miró algo seria y me dijo que en caso de que la peli hiciera referencia al aparato reproductor femenino, la única opción era una vagina “hay labios externos y labios internos, cuatro labios”.

Me quedé callado porque aquella referencia anatómica me intimidó, así que no discutí más el punto. Cuando llegamos con el taquillero nos explicó que la peli era un documental de Marcovich sobre OV7 o la Onda Vaselina para quien los siguió desde sus inicios.

La amiga que quería evadir su hogar no tuvo ningún empacho en aceptar que tenía siete discos del grupo y que, si no había pedo con nosotros, ella sería feliz de ver el documental. Yo pensé que había altas posibilidades de que fuera como un E! True Hollywood Story en pantalla de cine y me emocioné; la otra amiga no puso objeción, compramos los boletos y nos aventuramos a conocer el mundo del grupo vocal de pop más producido de México (lo siento fans de Kabah, Uff, Magneto, Fobia, sí, Fobia para los rockers forevers ochenteros, aunque se ofendan).

Empezó la función. En cuanto vi el letrero de CONACULTA en la pantalla, un calor furioso recorrió mi cuello ¡esos mierdas que viven de los recursos del estado y luego se colocan desde quién sabe qué banquillo de autoridad para decir que todo está de la chingada! Ahora bien, no sólo se trataba de uno de esos zánganos come-impuestos, sino de uno que tuvo a bien retratar a los ex Onda Vaselina. Evidentemente, el documental era una porquería, la amiga que era fans se quedó jetona y mi otra amiga estaba cruzada de brazos, viéndose las rodillas.

Lo que más me molestó de “Cuatro Labios” fue saber de dónde provenían parte de los recursos con los que se había editado esa mierda, aunque hay que reconocer que hubo momentos chuscos: salió Julissa y con el corazón en la mano, declaró cómo es que se había gestado la separación entre su seno creativo y sus niños ondavaselineros; el cambio de nombre; el día en que Óscar (personaje central de este relato) dejó su hogar para nunca volver.

Marcovich quiso crear un momento emotivo (o eso me pareció) y le pidió su versión de los hechos a Òscar; él relató cómo el grupo se empezó a desintegrar, debido a que muchos de sus compañeros tenían proyectos como solistas y porque los productores los querían hacer cantar canciones como Aserejé y de esas que tocan en las bodas… cri, cri, cri. No supe si reír o si empezar a pensar que esa rola de “ Aum aum aum aum aum aum, esta noche todo puede ser” era mejor que cualquier canción escrita por Lara y Monarres o por el maestro Pérez Botija, para no ir más lejos en la escala musical y comparar la pieza con alguna creación del Buki o de Juanga. El documental terminó sin pena ni gloria. La amiga del lanchero se tuvo que chutar una noche más de champú de amorts y mi otra amiga me llevo a casa.

Un par de meses después fui a comprar los boletos para el concierto de Depeche Mode. Estaba formado desde las ocho de la mañana, leyendo, cuando vi a un sujeto mamonear con la revendedora que había organizado la fila para comprar los boletos gran error - pensé- pobre güey , y entonces me di cuenta que se trababa de Óscar, aquel OV7 que se negó a cantar canciones de boda.

No podía dejar pasar la oportunidad de decirle algo, así que lo seguí con la mirada por un rato. Acompañado de un wannabe condechi , Óscar y su amigo la hicieron de jamón cabrón, de tal suerte que la revendedora los grilló con la gente de seguridad y entre dimes y diretes, perdieron su lugar en la fila. Encolerizado, Óscar marcaba incansablemente su celular, seguro le llamaba al amo de los boletos para reclamar el trato recibido por el personal de la empresa.

Así, mientras el sujeto daba vueltas hacia uno y otro lado, pedí que me guardaran el lugar en la fila, me acerqué y discreto le pregunté que si había formado parte de la Onda Vaselina, me vio con cara de “al final nos llamábamos OV7, ashhhhhhhhhh” y asintió con la cabeza. Me aproximé peligrosamente, él dio un paso hacia atrás, quizá pensó que era un fan deseoso de recordar las glorias del pasado y que le daría un beso, pero no. Muy cerca, con mi aliento en sus ojos, le dije: “hace mucho tiempo que no escuchaba tanta elocuencia en un documental”. Él me miró fijamente, esperé una respuesta pero nunca la obtuve, sólo me miraba fijamente, me desesperé y me di la vuelta para regresar a la fila.

Ya en mi lugar, el tipo me observaba, en un primer momento me sentí intimidado, pero como vi que el hombre ponía cara de circunstancia supuse que se estaba preguntando “¿qué putas madres significa elocuencia?” y me sentí un poco miserable, de por sí ya tenía tantos pedos con sus boletos de Depeche Mode y yo generándole la necesidad de acudir a un diccionario.