ROCK

Dados mis antecedentes familiares yo pintaba para ser gente de bolero o de música pop de la que cantan en la Academia o en un caso extremo gente comprometida con la cumbia. Para sorpresa de todos salí rocker .

Yo a la fecha no lo entiendo. No tuve un primo de avanzada que me trajera discos de Estados Unidos, ni un tío mariguano que me pusiera a escuchar a Pink Floyd. Mi primera educación musical estuvo vinculada más bien con Cri Cri, Pedro Infante, José José, Juan Gabriel y Rocío Durcal. Para cuando me vine a dar cuenta yo ya escuchaba Rock 101, esa mítica estación de radio que para muchos fue la que empezó con el desmadre.

Es necesario puntualizar que en México el contexto no ayudaba. Años de gobiernos priístas temerosos de lo que la música estridente podría provocar con el orden social establecido a punta de madrazos no dejaban que hubiera conciertos interesantes en el país. La industria musical, timorata y acostumbrada a inflarse de billetes con las bandas onda Fresas con Crema tampoco permitían el desarrollo de la onda buena onda. No había internet ni Amazon y para colmo, los pocos rockeros mexicanos no ayudaban con su falta de imaginación y su incapacidad para buscar vías de desarrollo independientes a las grandes disqueras. En resumidas cuentas, mi afición a la música que tanto disfruto fue un milagro.

Influenciado por la música que presentaban las voces sinusíticas de Luis Gerardo Salas y Jordi Soler, aprendí a tocar la guitarra y formé mi propia banda. Con toda la pena del mundo tengo que decirlo: nos llamábamos Signos Alterados, tocábamos covers de Caifanes y The Cure y nuestras canciones propias eran como un hijo chundito que le hubiera nacido a Peter Murphy con Thalia. A pesar de eso nos divertíamos un chingo y conseguimos novias.

La relación de la Ciudad de México con el rock es rara. Después de todo, esta ciudad es así: una mujer misteriosa, vertiginosa, destructiva y adictiva con la que uno no se puede relacionar de otra forma. En los setentas hubo un momento en que parecía que el rock iba a despegar irremediablemente: regados por la ciudad había montones de “cafés cantantes” donde, como describe José Agustín, los jóvenes se juntaban a comer hamburguesas, tomar orange crush y escuchar a las bandas pinchonas que nacían casi por generación espontánea. Llegó el regente Urruchurtu y cargó con todos estos establecimientos porque pervertían a la juventud que peligrosamente se alejaba de la canción ranchera. Después vino Avandaro y se jodió todo: el rock había quedado proscrito.

En mi primera juventud no había mucho para donde moverse. Si se quería ir a conciertos estaban los grandes, los de Timbiriche y Menudo y tal, o Rockotitlán y el LUCC. De tocar ni hablamos, pocos lugares, poco público y muchas bandas más bien mediocres.

En una ocasión nos invitaron a tocar lo que entonces se llamaba “El Buho”, un lugar de la calle de Sullivan diseñado por Mathias Goeritz para ser museo de vanguardia, que posteriormente fue secuestrado por un grupo de pseudoartistas-pancheros-zapatistas y ahora, recuperado el nombre de “El ECO”, expone obra de Gabriel Orozco, Amorales, Calderón y sus etcéteras. Alternábamos con un grupo de punk-funk con trompetista y todo el show llamada Punto Rojo. Sumando a los miembros de las dos bandas éramos 12, en el público había 8. Me hubiera sentido muy mal de no ser porque ya había escuchado a Saúl Hernández contar que eso le pasó varias veces con Caifanes.

Desde que regresé al DF me la he pasado en conciertos. Como las cosas deberían de ser, dada la cantidad de gente que vive en este país y la diversidad de gustos, México ha entrado al circuito mundial del rock. En otra de las entregas para modafoca escribí que Madrid es un pueblote, pero para precisar las cosas, es un pueblote donde se oye Reggaeton o metal . Pocas bandas decentes se atreven a pasar por esa tierra de nadie.

A mis andanzas defeñas tras Stellastar*, Interpol, Weezer y hasta U2, se le suman una serie de aventuras nocturnas en un Centro de la Ciudad, que parece revivir de su letargo, en busca de las nuevas bandas mexicanas. He escuchado de todo grupos buenos, muy buenos y pésimos. Sólo me queda una pregunta ¿Por qué chingaos no pasó esto cuando yo tenía 20 años?