REGRESO AL SOSPECHOSISMO
El mundo nunca es el mismo. Eso es una verdad sabida. Ya Borges en alguna ocasión nos llamó la atención sobre el tiempo, la muerte y el cambio en ese cuento donde el protagonista se da cuenta de que su amiga, recién fallecida, ha empezado a morir en el momento en que cambian un anuncio espectacular que parecía haber estado ahí siempre. El mundo empezaba a mutar y pronto sería completamente distinto al que su amiga había conocido.
En mi infancia, en ese tiempo donde comencé a desarrollar mis primeras intuiciones sobre el mundo, México era el país de los estertores gloriosos del priísmo. Viví casi sin darme cuenta el temblor de 85 y el despertar ciudadano, la mítica rechifla a De la Madrid en la inauguración del Mundial 86 y por lo menos dos devaluaciones. En aquel entonces la vida televisiva del país sucedía en el eje Zabludowski- Velasco-Dosal. Un eje que obligaba a ver la realidad del país a través de la versión edulcorada favorable al régimen que nos proponían en 24 hrs, a entretenernos con los artistas lanzados a la fama después de que Raúl Velasco les pateara el trasero en Siempre en Domingo y a malentender los entretelones del futbol desde la dipsomanía de Juan Dosal y el siempre certero comentario del Che Ventura, que nos explicaba porque ese clavado que Brailovski acababa de ejecutar a la perfección dentro del área había sido marcado como penal correctamente por el arbitro Garza y Ochoa.
Entre el descarado apoyo de Televisa al Priísmo y al América, irle a los Pumas y ver a José Ramón Fernández era casi un acto político (replicando, guardadas las distancias, el fenómeno español, donde ser culé, aficionado del Barcelona, era una de las únicas formas de poder hacer visible el descontento con el régimen de Franco).
Como fenómeno colateral vino la ahora tan usada idea del compló. Cualquier persona que pretendía estar enterada de política debería por fuerza entrar a la cultura de la conspiración: las cosas nunca eran como los medios nos decían que eran, por lo tanto eran de otra forma que sólo podía ser dilucidada a través del atado de cabos y la lectura entre líneas. Esta forma de pensar, adoptada como mecanismo de defensa ciudadano, llevaba a intuiciones correctas algunas veces y las más a que una serie de disparates fueran adoptados como verdad absoluta por todos nosotros, que no teníamos forma de saber que estaba pasando.
Muchas cosas han cambiado desde aquel ayer. La democracia electoral, la libertad de prensa, la competencia televisiva y futbolera. La teoría de la conspiración parecía haber regresado al nicho del que nunca debió haber salido: los fanáticos de Jaime Maussan y la Mano Peluda.
Sin embargo el círculo es redondo y a veces uno regresa a los orígenes. Dos hechos me tienen intrigado.
Durante los últimos días en México se ha hablado de la Ley de Radio y Televisión y su aprobación en el Congreso. Se ha dicho de todo y contra todos. Unos le llaman la Ley Televisa, otros la defienden, a los que no les gusta y que siempre han sido políticamente correctos ahora se han visto en la necesidad de reconocer la gracia del Senador Barttlet. No voy a analizar aquí las posibles virtudes (algunas) y defectos (los más) de la citada Ley, pero si quiero decir que me parece extraño que, después de todo lo que se dijo sobre la aprobación de la Ley y el compromiso de los Senadores panistas de apoyarla a cambio de una mayor proyección de Felipe Calderón, resulta que el día que los senadores la aprueban sale la encuesta de GEA publicada en Televisa Radio y sópatelas, Calderón dos puntos arriba del Peje. Luego viene la mezcla con el futbol: el domingo pasado se dio a conocer la lista de los convocados por Ricardo Lavolpe para asistir al mundial. En la mesa de análisis de TV Azteca apareció el candidato panista como comentarista invitado.
¿El poder de las televisoras?
Voy a cerrar con la anécdota meramente futbolística. En aquellos tiempos de los que hablaba se decía que el América ganaba porque ganaba: como el PRI, si no ganaba arrebataba. Ahora resulta que, ¿por qué no? Televisa tiene tres equipos compitiendo en Primera División. Uno de ellos, el San Luis, a punto de descender a Segunda. Por casualidad del destino, cuando parecía que el equipo iba a sucumbir irremediablemente y necesitaba ganar partidos seguidos, le tocó enfrentarse en hilera a sus hermanos mayores: el Necaxa y el América. Curiosamente les ganó.
Yo no sé si esto sea una prueba de que estamos volviendo a las prácticas del Antiguo Régimen o simplemente se trate de que la realidad está así y se han dado una serie de coincidencias, pero entre que si son peras o son manzanas, contra todas mis creencias racionales de científico social, a mí si me da mi sospechosismo.